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Espartaco
07-ene-2009, 12:15
Sé que es largo y puede resultar pesado, pero dejadme que se lo dedique a una persona que dijo ¡Oño ya era hora! y los demás por favor tened paciencia


Un hombre escribió a una ilusión…


La distancia es un abismo al que hoy me quiero echar, deseo caer en él aún sin conocer su profundidad, pues no puede ser peor estar cayendo el resto de una vida hacia un destino que me es desconocido, que vivir en la inmovilidad de la rutina donde nunca ocurre nada, o siempre pasa lo mismo, donde las sorpresas hace tiempo eligieron no sorprender a quien por nada se ve sorprendido.


No quiero oír voces lejanas, ni palabras que me atrapan, como a una mosca la miel, palabras que con ellas se lleven todo mi ser y aquí se dejen tan solo mi piel, no puedo ver pasar los días viendo la vida en fotografías, deseo ver como el ciego, ver lo que me promete el Cielo y oler perfumes nuevos de campos que no conozco y que mi mente me tiene prometidos, deseo tocar la piel de una ilusión y hacer reales todas las imágenes que me regala la imaginación.


Quisiera parar los días y no sé cómo hacerlo, frenar el tiempo para que no suceda nada que me impida seguir caminando por este sendero, pues no necesito más camino, déjame destino caminar sereno y llegar a donde quiero llegar, no importa si mis huellas se pierden, o el lejano horizonte no veo, déjame avanzar por donde quiero, que más tarde o más temprano, a donde me propuse llego. Hoy no soy más que un pobre enamorado, lo que todos somos un día, soy la sed, el amor es el agua y voy buscando la fuente mientras deambulo por un mundo rutinario, anhelando otro mejor, que no sé si existe ni cómo encontrar, pero al que llegaré a fuerza de andar.


Caminando solo por parajes perdidos en las noches oscuras de mis sueños, me siento a veces un hombre que se quedó vació, al irse su corazón en busca de una ilusión. En las encrucijadas de mi fantasía, detrás de los párpados cerrados, el tiempo traidor juega en mi contra y es un temible rival contra el que nadie me puede ayudar ¡Ayúdame tu, ilusión que bailas en mi mente, a ganar esta batalla! Ayúdame a burlar el tiempo, a demostrarle a él y a mí, que soy un hombre feliz y si quiere tendrá que esperar para que yo le pueda acompañar. Ayúdame a sosegar esta imaginación que me tiene día y noche abrazado a ti, no abraces a un hombre vacío, pues mi mente también se quiere ir contigo y me dejará vagando por todos y ningún camino, sin saber quién soy, ni quien he sido.


Si me abandona el corazón –se lamentaba el hombre- la mente y el alma se van también para bailar contigo ilusión, ¿Que has dejado de mí? Yo te lo diré, solo el deseo de huir, de escapar de todo y a la vez de mí, de perderme para que tú me encuentres y detengas la furia de un deseo que confundo con vivir. Ayúdame, si me quieres ayudar, a seguir soñando sin parecer ni ser, un fantasma entre la gente que nadie ve, un ente sin reflejo en ningún espejo, no quiero ser, ni soy, ese que grita sin que le oigan diciendo que soy yo.


Ayúdame, a salvar el abismo de la distancia, ese abismo al que ya me tiré y en el que espero amanecer despierto, hablando de una pesadilla en la que nunca conseguía llegar a ninguna parte. Mientras me intentas ayudar yo trataré de parar el tic tac del reloj y juntaré las noches con los días para escuchar tu voz, me encadenaré a tu sonrisa para vivir solo de amor, y me sentiré tan lejos de las nubes que podré contarle a Dios, que mi locura solo es amor. Dame tu mano y tira fuerte de mí, para que pueda levantarme de este pegajoso barro que me ata al suelo como a un árbol su raíz.


Solo quiero despertar y ver que estoy soñando.
Lo dijo un hombre antaño, cuando la gente iba contando
que alguien en su sueño tan feliz se había encontrado,
que jamás deseó despertar, ni ser despertado.
Dijo que en el hombre no hay edad para estar enamorado,
que en la mujer siempre hay encanto para ser entregado,
que el amor es libertad para quien quiere ser liberado,
y solo el cuerpo vive el tiempo que vivir le ha tocado,
pues el amor es libre y en libertad puede irse apagando,
pero agoniza eternamente sin morir, en un corazón encerrado.
Un hombre que quería despertar y ver que seguía soñando.


Espartaco